Le dije: No me llames, está mi mujer.
Pero no me entendió, o no quiso hacerlo.
El teléfono sonó mientras pasaba la aspiradora. No
lo escuché, ella si.
—Hola gatito… (Dijo, entre suspiros) te extraño, mi
camita está fría, ¿no venís?
—Soy la gata
mayor, ¿tu quien eres? Vamos, habla…—La
voz de mi esposa sonó contundente.
Hubiera dicho: Perdón me equivoqué, pero no, cortó.
La bruja se me vino encima, echaba espuma por la boca, los ojos inyectados en
sangre, y yo…
Me asuste lo juro, moje mis pantalones, nunca la
había visto así. Salte del sillón y descalzo gané la calle, te juro que corrí
como nunca antes en mi vida, no me detuve a mirar atrás, sentía como me
insultaba.
Ahora no se que hacer, a casa no vuelvo, estoy en
pijama y descalzo, sin dinero ni donde ir, por eso te llamo.
¿Ella? No me atiende, no se si está asustada o que, iría
hasta su departamento pero no tengo como. ¿Queee? ¿Como que no puedes hacer
nada? Habló con tu mujer, que hija de…. Me tienes que ayudar, eres mi amigo,
¿Cómo que tu mujer está a tu lado controlándote?
¿Qué? ¿Se enteró de lo de tu amiga? ¿Como que se lo
dijiste? ¿Estás loco?
No puedo seguir hablando, el dueño del bar llamó a
la policía, no tengo documentos.
¿Que? ¡Estoy en pijama tarado! Me llevan…
El teléfono volvió a sonar.
—Hola Esteban, si estoy solita, el estúpido huyó en
pijama, ahora está preso, ja ja.
Si te espero, como siempre, estaremos muy cómodos,
hoy seguro que no vuelve.


