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domingo, 16 de diciembre de 2012

Aquellas Navidades



La imagen me sobrecoge, la familia reunida alrededor del árbol, la mesa servida y los regalos esperando la hora de ser abiertos.
Cierro los ojos y mi mente se retrotrae al pasado, la vidriera repleta de juguetes, desde la calle sólo quedaba mirarlos, eran inalcanzables para el magro ingreso de mi madre, miraba arrobado aquellos que nunca podrían ser míos, luego regresar soñando que algún día quizás…
Pasar por casa de amigos donde veía largas mesas repletas de delicias, con música y algarabía. Entrar a casa donde dos platos en la mesa me esperan junto a ella que me mira con una sonrisa, no hace falta más. Comemos en silencio…
Suenan campanas anunciando las doce, tras un beso me da un pequeño paquetito, un autito rojo ilumina mi rostro, un abrazo y un beso…
-¡Papá!
Abro los ojos, mi hija me acerca una copa mostrándome el reloj, comienzan a sonar campanadas entre besos, abrazos y saludos.
En un rincón donde sólo yo lo veo, aquel niño me mira sonriendo mientras se encoge de hombros, han pasado tantos años…

martes, 27 de noviembre de 2012

Ellos están allí.


Ella me preguntó.
-¿Por qué brillan las estrellas, abuelo?
-Porque están felices, ¿ves como titilan? , ese es su corazoncito, que late feliz.
-¿Y porque están felices?
-Porque saben que las queremos, que desde aquí estamos mirándolas, recostados en la hierba y cada una de ellas es un ser a quien amamos.
-¡Huy!, abuelo, mira que grandota es aquella, como brilla.
-Esa, seguro que es tu mamá, orgullosa de verte tan grande, tan buena y tan bonita, y la que está a su lado, es tu hermanito, que se fue con ella.
-¿Y aquella grandota, que esta más allá?, Esta quietita, como mirándonos…
-Esa, es mi mamá, que todavía me cuida.
Nos quedamos en silencio observando aquellas tres estrellas que titilaban en aquel cielo límpido. Pasé mi mano por su cara secando aquella lágrima furtiva y sonreí.
-¡Que lindo tener tres estrellitas que nos cuidan! (Me dijo, abrazándome). Asentí con la cabeza, observando aquellas tres estrellas en que imaginaba a mi madre, mi hija y mi nieto.
-¡Abuelo!, ¿Estas llorando?

sábado, 3 de noviembre de 2012

Fidelidad


Estaba nervioso cuando emprendió él regreso, la demora superó los quince minutos, eso lo molestó, solo se tranquilizó cuando arrellanado en la butaca, él tren comenzó a moverse. Las imágenes se agolpaban en su mente, todo sucedió tan repentinamente, que no alcanzaba a comprender.
Cientos de miradas indiferentes circularon a su lado, es él anonimato que te brinda la gran ciudad, eso lo tranquilizaba, nadie notaria su preocupación.
Él viaje, le pareció eterno, él paisaje a través de la ventanilla, lentamente fue quedando  atrás, pero no lo veía, su mente recordaba los momentos vividos, aquella voz que entre susurros lo quiso impulsar a cometer esa locura. ¿Como había podido dejarse influenciar?, ¿que poder tenia ella para manejar a su antojo su vida?, se sentía una marioneta que solo hacia lo que le ordenaban los delgados hilos que ceñían sus extremidades y cabeza, su voluntad trató de rebelarse pero fue en vano, ahora ya era tarde, al tratar de remediar la situación se sintió confundido.

La conoció, en un momento de su vida en que él vacío lo abrumaba, la miró a los ojos y se sintió atraído, era una mezcla de virgen y demonio, le sonrió, él correspondió de igual manera, su voz era suave y sensual, lo envolvió en un hechizo del que no trató de huir, poco a poco la charla y algunas copas hicieron el resto, cuando ella se apretujó en sus brazos buscando refugio, se sintió un ganador, la noche los envolvió con su manto y la madrugada los encontró abrazados, se sintió pleno. ¿Habría por fin encontrado su destino?

Comenzaron a frecuentarse más seguido, ella comenzó a adueñarse de su vida, su voluntad sólo respondía a sus antojos, creyendo ser feliz no lo notó.

Ya la estación se perfilaba antes sus ojos, él viaje llegaba al final, se mezcló entre la gente al salir de la estación, busco su rumbo y hacia él se dirigió, su casa no estaba lejos, decidió caminar, una luna llena lo acompaño en su ruta, él bar estaba desierto, pero igual se sentó en unas de esas mesas que tantas veces compartió con un café, dejó pasar el tiempo y varios cigarrillos, él café quedo frío, miró la hora, debía regresar. La noche siempre fue su compañera, ahora a su amparo se sintió a gusto, lentamente recorrió él corto trecho hasta su casa.

Era alta y se sabia hermosa, manejaba la seducción con mucha soltura, su esbelta figura era él anzuelo ideal, ningún hombre escapaba a su encanto, él no fue la excepción, y era perfecto para su gusto, un solitario, aventurero, que no dudaría en dar todo de si para complacerla. Le encantaba jugar al gato y él ratón. Si se rebelaba o intentaba poner condiciones, con un mohín, una mirada lánguida, y hasta quizás una lagrima furtiva lo ponía en su lugar.

La esperaba en aquel bar, llegó exultante, la vio acercarse y su corazón latió con fuerza, eclipsado, solo atinó a una sonrisa y un beso furtivo, la tomó de la mano y mientras revolvía nervioso el pocillo de café, la escuchó en silencio, impávido no alcanzaba a comprender como podía pedirle algo así.

Las razones que le daba no lo convencían, su mirada había cambiado, sintió dos puñales que lo atravesaban, estaba enardecida, sabía que si se rehusaba la perdería, él dilema entre sus prejuicios y sus sentimientos, lo abrumó, como convencerla, él sentido común, lo hizo pensar en la victima, y no pudo menos que estremecerse. Pero primó el raciocinio, no iba a permitir que tal demencia lo contagie, decidido aunque confuso se negó. En un ataque de histeria y entre mil improperios, ella se levanto y salió, la siguió tratando de convencerla, pero ya no era la mujer cordial y sensual que él adoraba, la discusión siguió aún dentro del departamento, y las amenazas tomaron un cariz oscuro, no lo pensó mas. Ése era el final.

Ella le pidió, le suplicó, pero él no estaba dispuesto a entender razones, ya lo había decidido, él desenlace era inevitable, y así lo hizo. Ahora ya no lo dominaría, se había liberado, la miró por última ves, ella quedo tendida sobre la cama llorando, él salió altivo dirigiéndose a la estación.

Llegó por fin a su casa, al entrar el gato se acercó a saludarlo, lo alzó y mirándolo fijamente le dijo; “Ésta está reloca, mira si me voy a deshacer de vos para que ella venga a vivir conmigo”.
Él gato agradeció con un maullido… 

viernes, 12 de octubre de 2012

El escrividor


Yo quiero ser pueta, por eso escrivo este livro quiero ser como el cacho quiero,  es pueta y escrivio un libro que esta gueno, tiene la tapas coloradas y una letra grandota.
Yo le conte al laucha que jue a la escuela y save lee, el se cago de risa y a mi que me inporta, yo lo escrivo igual.

El laucha se conpro un auto viejo, ta gueno, el no lavura y siempre tiene guita, yo me la revusco con lo cartone tengo un carro y un yovaca.

Enpese a escrivir y le pregunte al laucha como se escrive rebolber, el me dijo como zuena, yo puse “pun” y el se cago de risa, lo mande a la mierda y segui, e un tarado, lo gua a ver cuando yo sea famoso, no le voa dar vola, no le voa dar.

Mi nobia se puso contenta, lo que voa ser escrividor, me dijo “que lindo guachin” va a se famoso, si no me llega a dar vola te rebiento a trompada savis? Y ojo que te bea con una rubia por ai, le pido el chunvo al laucha y te ago pelota, savis?
Tranqui mi veve, le dije, yo te vua quere sienpre y bo, ba a ser mi nobia sienpre savis? La guacha se puso contenta.
Dise que soy como el borjes, je je!  Sera por lo de famozo? Oy me contaron que el punto era siego.Cuando me pagen voa tener que conprar pilcha, asi no puedo ir a que me den el premio, al yovaca me lo cuida el tito, que es un amigaso, depue le tiro uno peso para que se chupe.

Y me vua raja de la villa, me voa dir a uno de eso depto. De puerto madero voa a se careta yo tanvien.

No se si ecrivir sobre la realida contenporanea o la relacione de pareja, pero lo mio sera mui conprometido, siguro que me ban a inbitar a la tele para que cuente, ui yo se cada fato de la villa…
Aora me bua a descansar me falta un monton para termina este livro pero como estoi de bisio lo vua seguir chau.

Firmado el pueta luis que soy yo.

jueves, 4 de octubre de 2012

El conventillo.


La noche, tiene ese encanto… ¿viste?
El cielo estaba estrellado, un poco fresca la noche, comencé a caminar lento y con bronca, había perdido todo en la timba, no ligué una carta en toda la noche, ¡que lo parió!
Como era temprano, piante pa´ lo de la Paica. En el conventillo vive la Ivette, la turra cobra barato, así que, pensé; desafortunado en el juego, podía ganar en el amor.
Pateando piedras por la calle cuesta arriba, sin apuro, me dirigí al farolito de su puerta. Ahí esta, la Mary, me jode de ella, que siempre espía a través de los bisillos, no se da cuenta que el brillo de los anteojos la delata, pero chusma como es, no le importa, ella quiere tener que contarles las cosas que, a las otras chusmas como ella las vuelven locas. Porque no se busca un macho y se deja de joder.

¡Oh! Ahí salió la otra, la Pirucha, que la va de puritana.
-“Hola Luis, ¿cómo está?” sonriendo le contesté,
-“Aquí me ve, esperando que se decida a decirme que sí, y entonces… usted ya sabe”,
-“¡Noooooooo! Yo soy una dama, y usted sabe que sin libreta ¡jamás!
-Bueno, usted se lo pierde, hice una reverencia, con el funyi en la mano y seguí.
Por saludar a la Maruja casi piso el gato de la Paica, bicho de porquería siempre en el medio.
-“¿Que tal muñeca? ¿Cómo le va?”, me sonrió, me hizo un guiño, saludo con la mano y se metió en la pieza, nunca tuvo novio, pobre mina, va a morir soltera, lástima porque esta refuerte.

En el fondo la Mireya discute con la Paica que le pide lo del alquiler, la pobre no tiene un cobre, también con los seis críos que tiene de donde va a sacar plata, encima los puntos que la llenaron de hijos no le acercan un mango. Pero seguro que ya esta embarazada de nuevo, ésta no aprende más.
A la Paica lo único que le importa es la plata, no les perdona una, es una mal atendida, el viejo ese que esta con ella no sirve para nada, siempre esta en pedo y ella de bronca, se desquita con las otras. No vive, ni deja vivir.

Me mandé pa´ la pieza de la Ivette, aprovecho que el fiolo no esta, lo bueno es que ella me fía y yo la dejo contenta. El punto que la maneja es medio raro, los muchachos lo invitaron, “Che petiso, esta noche arrímate que estamos de asado”,  Respondió que no, el carne de vaca no come, dice que la mandala o no se qué, que es espiritual, no sé de que chacra habla,  ¡qué se yo! ¿De qué la va el coso este?, pa´ mí, que le gusta la carne de chancho. Por algo usa esa colita en el pelo, los guapos lo miran mal.

Ma´ si, yo me ocupo de lo mío, “-Hola reina” (saludé a la Ivette), “Póngase contenta, ya llegó el sol que ilumina sus noches”. Se puso reloca, me saco como rata por tirante,
 “-¡Anda a pedirle fiado a tu hermana!”.
-“Pero mi reina yo….”
-“¡Tomátela infeliz!, anda a buscarte una chirusa barata”. Cuando la vi que peló una faca, me dije; “El horno no está pa´ bollos”, me puse el funyi y salí al patio, todas las chusmas que manyaban el estofado, estaban pendientes y espiando, ¡Harpías!,  para disimular me volví y le dije; “Hoy estoy apurado, mañana si tengo tiempo vuelvo”, me agaché para esquivar el zapato que me tiró y salí presuroso. Ya en la calle sin tener dónde ir, para colmo sin un mango, disfruté ese hermoso cielo estrellado. ¡Que le va chache!
Mi bulín quedaba lejos, pero….
Ahora voy a tener que despertarla a la patrona, espero que no se chive. Pero igual.
La noche, tiene ese encanto… ¿Viste?

domingo, 16 de septiembre de 2012

Amor sin fronteras



Te recuerdo…
Aquel encuentro en la campiña, te vi, tan blanca, los bucles cayendo cual cascada, bajaste la vista cuando me acerque, querías huir, pero te tranquilice con mis palabras.
Te tome por detrás, tu cuerpo temblaba, te arrime a mi cuerpo mientras te susurraba, poco a poco sentí que te entregabas, el silencio era interrumpido sólo por nuestra respiración agitada.
El rebaño nos observaba, alzaste la mirada y mis ojos se encontraron con los tuyos, sobraban las palabras, no se si era la soledad del paraje, el cielo inmensamente azul, la suave brisa que invitaba al amor, solo se que nos unimos en sexo salvaje. No se cuanto duró aquello, pero lo repetimos una y otra vez, así entre balidos y palabras entrecortadas nos fue ganando el cansancio.
Me miraste anonadada, yo agradecido, el rebaño nos rodeaba, alguna oveja se acercó como si quisiera participar, que locura…
Me quedé tendido en la hierba largo rato, disfrutando el momento, luego me vestí, tu sólo me mirabas, el brillo de tus ojos delataban tu placer.
Debía regresar, pero antes te pedí que me sacaras una foto junto a tus ovejas, te reíste por mi propuesta pero igual accediste, no quisiste que te fotografiara, así que con un beso me despedí, me aleje despacio prometiendo volver, mientras quedabas cuidando tus ovejas, mi pastorcita adorada y sensual. 

lunes, 3 de septiembre de 2012

Una tarde de terror.


La tarde invitaba al paseo, brillaba un sol refulgente, mientras una suave brisa refrescaba el ambiente.
Con el grupo de amigos, disfrutábamos aquel momento, cuando alguien sugirió la posibilidad de montar, casi me obligaron, pues no quería hacerlo
-Vayan ustedes, (Les dije) pero insistieron casi me montaron ellos de prepo nomás.
Todo iba bien en aquella marcha lenta y suave, hasta que comencé a deslizarme por el costado de mi corcel, traté de asirme, pero al elevarse este en el aire, rodé estrepitosamente bajo sus patas, luego rodé bajo las de un tordillo, que por suerte no me pisó, seguí rodando hacia atrás y fui embestido por un automóvil rojo, que me despidió a un costado, nada podía hacer yo por detenerme, aterrado terminé bajo un elefante que en ese momento alzaba sus patas delanteras.
Traté de cubrirme el rostro, mis codos sangraban, sentí un fuerte dolor en mi cabeza, fruto del golpe contra el piso, mi jean se había enganchado en la defensa del auto y por ende roto, había perdido un zapato y mi dignidad. Nunca olvidaré la cara de aquel niño que me señalaba burlón.
Mis amigos impávidos no podían creer lo que estaba ocurriendo, todos me gritaban, no alcancé a entender lo que me decían. Suerte que uno de ellos hizo detener el carrusel, porque sino me mato.
Desde aquel día me han apodado “Doble de riesgo”.
¡Bah…!